Terapia del Amor

Muchas personas buscan la felicidad en la vida amorosa, pero no tienen claro qué es lo que están haciendo mal.

El obispo Renato Cardoso, autor del libro “Matrimonio Blindado”, destaca “Amar es poder eligir a cualquier persona, pero decidir estar solo con una”, explica.

Cuando usted decide estar en una relación, debe asumir un compromiso. También debe tener en cuenta que en la vida de a dos, deben apoyarse mutuamente.

Respetar la opinión del otro es fundamental, ya que no se debe intentar imponer la propia. Por eso, es necesario saber oír lo que piensa su compañero para mostrarle que lo valora: “En una relación en la que hay amor verdadero, no debe haber control de uno hacia el otro, porque eso no es amor”, dice el Obispo.

Muchas veces se debe hacer sacrificios y dejar de lado ciertas cosas para hacer feliz a la persona amada.

Lo más importante es poner a Dios en primer lugar. Cuide su vida espiritual para que la relación esté protegida y fortalecida por Él.

Si está pasando por alguna dificultad en su relación o no consigue relacionarse sanamente con nadie, participe de las charlas de la Terapia del Amor, todos los jueves a las 10, 16 y 20 h en Avenida Corrientes 4070, Almagro.

“Dios nos dio un matrimonio bendecido”

Claudia y Germán disfrutan su vida juntos, pero el pasado les dejó marcas imborrables. Claudia cuenta su historia de vida: “Yo tenía muy mal carácter, maltrataba a mi expareja y a mis hijos. Pasamos por infidelidades, mentiras, agresiones verbales y físicas, además tenía vicios.

Terminé en situación de calle con mis hijos e intenté suicidarme porque nada valía la pena. No pensaba ni en mis hijos, estaba ciega. Me despedí de ellos, para matarme y justo apareció mi hermano y me invitó a la Universal.

Llegué drogada a la iglesia y me fui diferente. No fue fácil mi proceso de liberación, pero perseveré en las cadenas y Dios transformó todo. Mi sueño era formar una familia y al tiempo conocí a Germán, él estaba en la fe y también había vencido su pasado”.

Germán también sufrió: “La soledad y el vacío que sentía me llevaron a involucrarme en las drogas. Consumía marihuana, cocaína y LSD.

Estuve internado en un centro de rehabilitación, la droga me había desequilibrado. Llegué drogado a la iglesia, pero perseveré y Dios me honró. Estoy feliz, porque Dios me dio una mujer maravillosa, formamos una familia, somos muy felices y tenemos una vida completa”.

Destacados

Notas Relacionadas