Ni tres, ni reyes, ni magos

“Cuando Jesús nació, en Belén de Judea, en días del rey Herodes, llegaron del oriente a Jerusalén unos magos (sabios), preguntando: -¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?, pues su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorar.”   Mateo 2:1-2

Según la tradición, tres reyes magos de Oriente se dirigían a Belén, guiados por una estrella. Pero como se ve en el versículo, la Palabra Sagrada no cita si eran tres y tampoco si eran reyes. Cabe destacar que la palabra “mago”, era usada de una manera diferente; antiguamente no se refería a un hechicero, como en los días de hoy. El término era utilizado para mencionar tanto sabios, consejeros o científicos, como los astrónomos.

Guiarse por las estrellas en caminos de tierra era muy común, al igual que medir los períodos a través de los astros. La ciencia de la astronomía es mucho más antigua de lo que dicen los modernos observatorios y telescopios de hoy. El hombre tuvo que batallar a lo largo de milenios con instrumentos rudimentarios, para llegar al conocimiento del universo que tenemos hoy. Hace 2 mil años, la observación a ojo era casi todo lo que tenían para diseñar los mapas estelares. Actualmente, equipamientos como el telescopio orbital Hubble ayudan al ser humano a entender un poco mejor la dinámica del universo.

Volviendo a la tradición, se popularizó que los magos citados en la Biblia eran reyes, dos blancos y uno negro; y sus nombres son Gaspar, Melchor y Baltasar.

“Ellos, habiendo oído al rey, se fueron. Y la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que, llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.  

Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.  Al entrar en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose lo adoraron.

Luego, abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.”  Mateo 2:9

El apóstol se refiere a una casa, sin dar mayores detalles. Aunque se tratara de una casa pobre, no dice nada de establo y nada de pesebre. Ni siquiera la figura de José, el marido de María, aparece en los escritos. Tampoco hay algo que garantice que llegaron después de que Jesús nació. Ni que hubiera pastores en la escena. La Biblia dice solamente que los magos de Oriente, guiándose por una estrella, encontraron a Jesús como bebé, para adorarlo.

La parte que se refiere a los pastores, que escucharon de los ángeles sobre el nacimiento del Rey de Reyes y lo encontraron acostado en un pesebre (un lugar donde se depositaba el heno para alimentar el ganado), en compañía de sus padres, en el establo de una posada (pues no habían encontrado lugar para hospedarse aquella noche por ser la época del censo), está dos libros más adelante, en el evangelio de Lucas, en el capítulo 2. Todo indica que los pastores llegaron después que Cristo nació, y los magos días más tarde, cuando el matrimonio y su bebé ya habían encontrado una casa para el debido hospedaje. De aquí pudo haber salido la tradición de Navidad que se celebra el 25 de diciembre y el conocido “día de reyes” el 6 de enero.

Nobleza oriental

Cuando la Biblia se refiere al Oriente, se refiere a la Mesopotamia, donde se ubicaba Babilonia quien dominó el Imperio Persa durante siglos, incluso en el tiempo de Jesús.
Volviendo a la palabra “mago”, el término designaba a los científicos, sobretodo a los astrónomos, que formaban parte de una clase social bastante elevada, convivían con la nobleza y frecuentaban los palacios, lo que también justificaría las riquezas que cargaban, con un poco de las cuales halagaron a la familia visitada (generalmente, objetos de arte u otro producto típico del reino del visitante), otra costumbre muy habitual de la época. Siglos antes, los magos babilónicos estuvieron bajo el mando del profeta Daniel, cautivo en aquella ciudad, cuya sabiduría lo hacía precioso a los ojos del rey.
Como gozaban de privilegios en la corte, es más fácil entender el motivo de que muchos extranjeros creyeran que eran reyes. Probablemente, sus vestimentas y adornos no pasaban desapercibidos. Como nobles que eran, se distinguían en medio de la multitud.

Los regalos 

En los versículos del 9 al 11 del libro de Mateo, tampoco se menciona que fueran tres viajantes. Se popularizó que eran tres por el número de los regalos: oro, incienso y mirra; suponiendo que cada rey llevó uno. El oro representaría la riqueza, la nobleza de un rey, teniendo en cuenta que  Jesús era el Rey de los Judíos según las profecías. El incienso en los templos simbolizaba la oración que subía a Dios, como humareda que asciende a los cielos.

La mirra es una resina que se usaba con fines antisépticos (y para embalsamientos, simbolizando la lucha contra la muerte), algo de mucho valor en esa época, comercializado desde Oriente. Muchos atribuyen a este hecho la actual costumbre de los regalos de Navidad.
En aquella época, era bastante común que la nobleza viajara en caravanas, con personas de seguridad e incluso llevaran sus familiares. Por ese motivo, nada justifica que hubieran tres nobles portando riquezas, mientras viajaban de una manera simple como se piensa hoy: tres hombres ricamente vestidos sobre camellos, con sus alforjas, y sólos.

Origen del “perfil” de los reyes

Mucho de la figura sobre los “Tres Reyes Magos” se extendió a través de los textos del monje anglosajón Beda; un historiador que llegó a dar detalles sobre la apariencia de los visitantes, la cantidad e incluso sobre los nombres, sacados de entre los más comunes de los pueblos mesopotámicos. La apariencia de ellos pertenecía a las razas más comunes del mundo entonces conocido, representando a todos los pueblos de la Tierra que llegaron para reconocer a Jesús como su rey. Esto fue ideado más de 800 años después de la Navidad original.

En la Edad Media, los magos comenzaron a ser adorados como santos, sin que nada más se supiese sobre su existencia. Cuenta la leyenda, absurdamente, que los restos mortales de los tres están en una catedral en Colonia, Alemania. Hay quien afirma, también absurdamente, que los tres eran hermanos. Nuevamente, nada respalda bíblicamente tales afirmaciones.

Persecución

Herodes -con quien los magos habían conversado cuando buscaban a Jesús- les pidió a los viajantes que volvieran para decirle donde estaba el nuevo Rey de los Judíos con el fin de poder ir a adorarlo. Aun después de tal pedido, los reyes regresaron a su casa; los nobles orientales fueron advertidos en sueños divinos a regresar por otro camino y no contarle a Herodes dónde se encontraba el niño. Después de esto José también fue advertido en sueños sobre la verdadera intención del rey, allí se produjo la famosa fuga hacia Egipto.

Es sabido que Herodes, al notar que los magos no volvieron a hablar con Él, ordenó matar a todos los primogénitos de hasta 2 años de edad, para que su reinado no fuera amenazado por aquel que llegaría para gobernar a los hombres, conforme las antiguas profecías. Después de la muerte de Herodes; José, María y Jesús pudieron volver a casa. Todo eso puede verse en Mateo 2:12-15.

La ficción supera la realidad

En resumen, todo indica que la tradicional historia de los “Tres Reyes Magos”, aunque es bonita, fue apenas una tentativa de “enriquecer” el texto bíblico, económico en detalles. Pero la riqueza del texto de Mateo está exactamente en la simplicidad, al probar que Jesús es el verdadero Mesías. Aunque la tradición se basa en una bella historia que busca mostrar todos los reinos de la Tierra, representados en la figuras de tres monarcas de las etnias predominantes, curvándose delante de un niño enviado directamente por Dios, a una familia pobre; debemos discernir lo que es verdad, tal como lo describe el texto bíblico, de lo que pasa de eso. Debemos concentrarnos en el nacimiento de Cristo, no en el hecho de que Él fuera el hijo de Dios, (que vino en forma de hombre).

Cabe destacar que la visita de los magos es importante, porque muestra el reconocimiento de Jesús como su maestro y digno de adoración, al tiempo que reafirma la divulgación de la Buena Nueva cuando volvieran a sus tierras. No obstante, los demás detalles deben tomarse solo como parte de una leyenda, que está fuera del texto bíblico, aunque se haya desprendido de la historia escrita.