Lea la Biblia en 1 año – 169° día

Conocer la Biblia es muy importane para todos nosotros, especialmente en los momentos más difíciles de nuestra vida, porque Dios habla con nosotros por medio de Su Palabra. El Espíritu Santo nos conduce, nos orienta, y cuando pasamos por tribulaciones, Él nos hace recordar lo que está escrito en la Biblia, una Palabra de Dios que nos conforte. Pero solo la recordaremos si la conocemos.

Por eso, elaboramos un plan para que usted lea la Biblia en 1 año. Si usted todavía no comenzó, haga clic aquí y empiece ahora, no lo deje para mañana. Usted verá cómo se transformará su vida.

Si usted ya está en este propósito, acompañe la lectura de hoy:

Deuteronomio 23

1 Ninguno que haya sido castrado o que tenga cortado su miembro viril entrará en la asamblea del Señor.

2 Ningún bastardo entrará en la asamblea del Señor, ninguno de sus descendientes, aun hasta la décima generación, entrará en la asamblea del Señor.

3 Ningún amonita ni moabita entrará en la asamblea del Señor; ninguno de sus descendientes, aun hasta la décima generación, entrará jamás en la asamblea del Señor,

4 porque no fueron a vuestro encuentro con pan y agua en el camino cuando salisteis de Egipto, y porque alquilaron contra ti a Balaam, hijo de Beor, de Petor en Mesopotamia, para maldecirte.

5 Mas el Señor tu Dios no quiso escuchar a Balaam, sino que el Señor tu Dios te cambió la maldición en bendición, porque el Señor tu Dios te ama.

6 Nunca buscarás su paz ni su prosperidad en todos tus días.

7 No aborrecerás al edomita, porque es tu hermano; no aborrecerás al egipcio, porque fuiste extranjero en su tierra.

8 Los hijos de la tercera generación que les nazcan podrán entrar en la asamblea del Señor.

9 Cuando salgas como ejército contra tus enemigos, te guardarás de toda cosa mala.

10 Si hay en medio de ti un hombre inmundo a causa de una emisión nocturna, debe salir fuera del campamento; no volverá a entrar al campamento.

11 Pero al llegar la tarde se bañará con agua, y cuando se ponga el sol, podrá entrar de nuevo al campamento.

12 Tendrás también un lugar fuera del campamento y saldrás allí;

13 y tendrás entre tus herramientas una pala, y cuando te sientes allá fuera, cavarás con ella, y te darás vuelta para cubrir tu excremento.

14 Porque el Señor tu Dios anda en medio de tu campamento para librarte y para derrotar a tus enemigos de delante de ti, por tanto, tu campamento debe ser santo; y El no debe ver nada indecente en medio de ti, no sea que se aparte de ti.

15 No entregarás a su amo un esclavo que venga a ti huyendo de su señor.

16 Contigo habitará en medio de ti, en el lugar que él escoja en una de tus ciudades donde le parezca bien; no lo maltratarás.

17 Ninguna de las hijas de Israel será ramera de culto pagano; tampoco ninguno de los hijos de Israel será sodomita de culto pagano.

18 No traerás la paga de una ramera ni el sueldo de un perro a la casa del Señor tu Dios para cualquier ofrenda votiva, porque los dos son abominación para el Señor tu Dios.

19 No cobrarás interés a tu hermano: interés sobre dinero, alimento, o cualquier cosa que pueda ser prestado a interés.

20 Podrás cobrar interés a un extranjero, pero a tu hermano no le cobrarás interés a fin de que el Señor tu Dios te bendiga en todo lo que emprendas en la tierra que vas a entrar para poseerla.

21 Cuando hagas un voto al Señor tu Dios, no tardarás en pagarlo, porque el Señor tu Dios ciertamente te lo reclamará, y sería pecado en ti.

22 Sin embargo, si te abstienes de hacer un voto, no sería pecado en ti.

23 Lo que salga de tus labios, cuidarás de cumplirlo, tal como voluntariamente has hecho voto al Señor tu Dios, lo cual has prometido con tu boca.

24 Cuando entres en la viña de tu prójimo, entonces podrás comer las uvas que desees hasta saciarte, pero no pondrás ninguna en tu cesto.

25 Cuando entres en la mies de tu prójimo, entonces podrás arrancar espigas con tu mano, pero no meterás la hoz a la mies de tu prójimo.

Salmos 112

1 ¡Aleluya! Cuán bienaventurado es el hombre que teme al Señor, que mucho se deleita en sus mandamientos.

2 Poderosa en la tierra será su descendencia; la generación de los rectos será bendita.

3 Bienes y riquezas hay en su casa, y su justicia permanece para siempre.

4 Luz resplandece en las tinieblas para el que es recto; El es clemente, compasivo y justo.

5 Bien le va al hombre que se apiada y presta; arreglará sus asuntos con juicio.

6 Porque nunca será sacudido; para siempre será recordado el justo.

7 No temerá recibir malas noticias; su corazón está firme, confiado en el Señor.

8 Su corazón está seguro, no temerá, hasta que vea vencidos a sus adversarios.

9 Con liberalidad ha dado a los pobres; su justicia permanece para siempre; su poder será exaltado con honor.

10 Lo verá el impío y se irritará; rechinará los dientes y se consumirá; el deseo de los impíos perecerá.

Salmos 113

1 ¡Aleluya! Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor.

2 Bendito sea el nombre del Señor desde ahora y para siempre.

3 Desde el nacimiento del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

4 Excelso sobre todas las naciones es el Señor; su gloria está sobre los cielos.

5 ¿Quién es como el Señor nuestro Dios, que está sentado en las alturas,

6 que se humilla para mirar lo que hay en el cielo y en la tierra?

7 El levanta al pobre del polvo, y al necesitado saca del muladar,

8 para sentarlos con príncipes, con los príncipes de su pueblo.

9 Hace habitar en casa a la mujer estéril, gozosa de ser madre de hijos. ¡Aleluya!

Isaías 50

1 Así dice el Señor: ¿Dónde está esa carta de divorcio con la que repudié a vuestra madre? ¿O a cuál de mis acreedores os vendí? He aquí, por vuestras iniquidades fuisteis vendidos, y por vuestras transgresiones fue repudiada vuestra madre.

2 ¿Por qué cuando vine no había nadie, y cuando llamé no había quien respondiera? ¿Acaso es tan corta mi mano que no puede rescatar, o no tengo poder para librar? He aquí, con mi reprensión seco el mar, convierto los ríos en desierto; sus peces hieden por falta de agua, mueren de sed.

3 Yo visto de negrura los cielos, y hago de cilicio su cobertura.

4 El Señor Dios me ha dado lengua de discípulo, para que yo sepa sostener con una palabra al fatigado. Mañana tras mañana me despierta, despierta mi oído para escuchar como los discípulos.

5 El Señor Dios me ha abierto el oído; y no fui desobediente, ni me volví atrás.

6 Di mis espaldas a los que me herían, y mis mejillas a los que me arrancaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y esputos.

7 El Señor Dios me ayuda, por eso no soy humillado, por eso como pedernal he puesto mi rostro, y sé que no seré avergonzado.

8 Cercano está el que me justifica; ¿quién contenderá conmigo? Comparezcamos juntos; ¿quién es el enemigo de mi causa? Que se acerque a mí.

9 He aquí, el Señor Dios me ayuda; ¿quién es el que me condena? He aquí, todos ellos como un vestido se gastarán, la polilla se los comerá.

10 ¿Quién hay entre vosotros que tema al Señor, que oiga la voz de su siervo, que ande en tinieblas y no tenga luz? Confíe en el nombre del Señor y apóyese en su Dios.

11 He aquí, todos vosotros que encendéis fuego, que os rodeáis de teas, andad a la lumbre de vuestro fuego y entre las teas que habéis encendido. Esto os vendrá de mi mano: en tormento yaceréis.

Acompañe la lectura del 168° día ingresando aquí.

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