La búsqueda de la perfecta paz

¡Cuántas personas existen que ya ni piensan en términos de amor y mucho menos de alegría, porque lo ven imposible, pero darían todo lo que poseen en este mundo para tener un poco de paz en la vida! Recuerdo a una señora que un día, sentada en el balcón de su gran y lujoso departamento, nos dijo: “Yo cambiaría toda esta comodidad por una choza, si tuviera la garantía de un poco de paz”. Creo que la paz ha sido una de las cosas más deseadas entre las personas, teniendo en cuenta que es imprescindible y esencial para la vida. El dinero, el éxito, el poder y todo lo demás jamás podrán proveer la paz, porque ella es única así como el amor, la alegría y todos los demás frutos del Espíritu. Muchos hombres económicamente poderosos piensan que pueden alcanzar la paz resolviendo sus grandes problemas con dinero y, por lo tanto, no miden esfuerzos y gastan fabulosas fortunas con la finalidad de librarse de ellos.

Piensan que, una vez que estén libres de los problemas, podrán gozar de la paz.

¿Qué es y cómo podemos alcanzar la paz? De la misma forma que el mundo confunde el amor y la alegría, también ha confundido el sentido real de la paz.

Cuando la sociedad reclama paz, lo hace en el sentido de evitar las guerras. Los movimientos pacifistas tienen como objetivo no solo la no proliferación de las armas nucleares, así como la carrera armamentista, sino además la disminución de arsenales atómicos, intentando debilitar a los fabricantes de guerras.

Sin embargo, aunque todo el potencial atómico y todas las armas fueran barridos de la faz de la tierra, y todos los pueblos se entendiesen perfectamente, aun así, no habría la paz que el ser humano necesita y anhela. No se adquiere con una simple sensación de tranquilidad en el alma, y solo es posible cuando Dios, en la Persona de Su Hijo Jesucristo, por Su Santo Espíritu pasa a reinar dentro del alma.

De hecho, es imposible que esto suceda mientras el ser humano mantenga el control de sí mismo y confíe en la fuerza de su propio brazo, permaneciendo soberbio e indiferente a las promesas de Dios. Sin embargo, si prestamos atención a la Palabra de Dios, seremos:

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (Romanos 5:1)

Lo que significa que la paz solo es posible a través de la Ley, lo que además muchos desprecian, porque piensan que a través de las obras de caridad pueden alcanzar las bendiciones de Dios. Estas, verdaderamente, son muy importantes, pero no necesarias para alcanzar la justificación y, consecuentemente, la salvación, porque si eso fuese verdad, entonces invalidaría la ley de la fe.

Además, si las bendiciones de Dios dependiesen de nuestras buenas obras, ¿cuál sería el futuro del ladrón en la cruz del Calvario, si él solo había hecho malas obras? El hecho es que la paz viene a través de una conciencia pura delante de uno mismo y sobre todo delante de Dios, por la fe en el sacrificio del Señor Jesús.Si no conseguimos tener paz con Dios, tampoco la tendremos con nosotros mismos, porque viene de Dios por el Espíritu Santo.

 

Texto extraído del libro “El Espíritu Santo”, del obispo Edir Macedo

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