En qué Creemos

Personas distintas, de existencia Eterna, iguales en Santidad, Justicia, Sabiduría, Poder y Majestad a saber: Dios-Padre, Dios-Hijo y Dios-Espíritu Santo.

2 El Dios-Padre fue el Primero en manifestarse al hombre, desde Adán, hasta al nacimiento del Señor Jesucristo, para traer la Ley y los Mandamientos.

3 El Dios-Hijo, Señor Jesucristo, que fue el Segundo en manifestarse al hombre, nació del vientre de la virgen María, por obra y gracia del Espíritu Santo. Él que es la Palabra encarnada del Padre, tomó la naturaleza humana, reuniendo así dos naturalezas enteras y perfectas; la Divina y la humana, para ser conocido por verdadero Dios y verdadero Hombre, que sufrió, fue crucificado, muerto y sepultado, reconciliándonos así con el Dios-Padre, haciendo la expiación de nuestros pecados y garantizándonos la sanidad y la liberación de todos nuestros sufrimientos.
El Señor Jesús verdaderamente resucitó de entre los muertos, y tomó otra vez su cuerpo original, con todas las cosas pertenecientes a la perfección de la naturaleza humana y subió al cielo. Él se sentó a la derecha del Dios-Padre, de donde ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. El profeta Isaías habló de Él cuando dijo: “Despreciado y rechazado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él, el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados, el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por sus llagas fuimos nosotros curados.” (Isaías 53:3-5)

4 La manifestación de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, el Dios-Espíritu Santo, es hecha en el corazón humano para convencerlo del pecado, de la justicia y del juicio. Cuando cometemos algún desliz, entonces Él muestra por medio de nuestra conciencia que pecamos y permite nuestro arrepentimiento.
Él procede del Dios-Padre y del Dios-Hijo y lleva al ser humano a tener un encuentro real con el Señor Jesús; opera en la santificación del seguidor del Hijo, guía a la Iglesia, a las condiciones para que el cristiano tenga Su carácter y, para que él realice lo mismo y mucho más que Su Hijo hizo durante Su ministerio terreno, según las propias Palabras del Señor: “De cierto, de cierto os digo: el que en mí cree, las obras que yo hago, él también las hará, y aún mayores hará, porque yo voy al Padre” (Juan 14:12).

5 La Biblia, que es la Palabra de Dios, fue escrita por hombres divinamente inspirados. Ella es el modelo infalible por el cual la conducta humana y las opiniones deben ser juzgadas. “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17).

6 La justificación del hombre solamente se realiza por la fe en el Señor Jesucristo, por lo que está escrito: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia por la cual estamos firmes, y nos gloriamos” (Romanos 5:1-2). “Concluimos, pues, que el hombre es justificado por la fe sin las obras de la Ley” (Romanos 3:28). Significa que las obras asistenciales, aunque sean muy importantes dentro del cristianismo, jamás podrán conducir al hombre a la salvación.

7 El bautismo con el Espíritu Santo es un acto de la gracia de Dios; es una experiencia adquirida por la fe de aquel que desea la purificación y la santidad en su vida. Ese bautismo es realizado personalmente por el Señor Jesús y tiene por real evidencia la transformación del carácter humano por el carácter de Dios además de poder hablar en lenguas extrañas.

8 El bautismo en las aguas por inmersión, en el Nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo, no es un medio exclusivo de la salvación, sino que es parte de ella. El bautismo en las aguas es un acto de profesión de fe pública con vistas a la sepultura del cuerpo del pecado o de la natureza pecaminosa para vivir una nueva vida. Después del bautismo en las aguas es necesario que suceda obligatoriamente un cambio en la vida, esto es: el bautizado no deberá continuar con los mismos hábitos equivocados que tenía antes, por ejemplo: los vicios, el mal genio, el egoísmo, tener placer al actuar mal, en desacuerdo con el carácter de Dios etc.

9 Los nueve dones del Espíritu Santo tienen un lugar exacto para nosotros en los días de hoy, son parte integrante de la obra expiatoria del Señor Jesucristo. Con respecto al don de profecía nosotros hemos visto el gran engaño que el diablo y sus demonios han sembrado entre los cristianos sinceros e inconstantes. Muchas personas han perdido hasta la salvación por haber sido ilusionadas por “profecías” que jamás salieron de la boca de Dios; casamientos que se han formado y matrimonios que se han deshecho por intermedio de profecías. De allí, la Iglesia Universal del Reino de Dios adopta el sistema de fundamentar su fe exclusivamente en la Palabra de Dios escrita, esto es: la Biblia Sagrada. Si acaso alguien dijera alguna profecía, entonces la persona debe ser bien investigada no sólo en la iglesia, sino sobre todo en su casa y trabajo. Además de eso, se debe esperar que aquella profecía se cumpla para entonces creer en ella. Todo esto aún no confirma que aquel cristiano es un profeta, pues los dones del Espíritu Santo sólo le pertenecen a Él; y Él usa aquellos cuyas vidas son un ejemplo dentro de sus respectivas casas, trabajos e iglesias.
Por una cuestión de celo y cuidado nosotros hemos preferido dejar que sólo el Espíritu Santo nos hable por Su Palabra y hasta hoy eso nos ha dado resultado, pues la Iglesia Universal ha crecido en todo el mundo sustentada solamente por la Biblia Sagrada.

10 La Santa Cena es la ceremonia más importante dentro del cristianismo. No es sólo un símbolo de la participación del Cuerpo y de la Sangre del Señor; es realmente una participación física de un Señor espiritual con la finalidad de fortalecer a la Iglesia tanto física como espiritualmente, recordando la muerte del Señor hasta que Él venga. Además de eso, la Santa Cena sirve para una renovación de los votos de alianza con Dios por medio de la sangre del Señor Jesús.

11 Los diezmos y las ofrendas son tan sagrados, tan santos como la Palabra de Dios. Los diezmos significan fidelidad y las ofrendas el amor del siervo hacia el Señor. No se puede disociar los diezmos y las ofrendas de la obra redentora del Señor Jesús; significan, en verdad, la sangre de los salvos en favor de aquellos que necesitan de la salvación.

12 La Iglesia visible del Señor Jesús es la reunión de todos los cristianos fieles, unidos unos a otros en la fe y en la comunión del Evangelio, observando los mandamientos del Señor, gobernados por Su Espíritu, por Su Palabra y por Su Nombre.

13 El Señor Jesucristo concedió autoridad espiritual a Sus seguidores, no solamente para curar a los enfermos y expulsar a los demonios, pero sobretodo llevar Su Palabra con el poder del Espíritu Santo a todo el mundo y hacer discípulos.

14 Todos los cristianos tienen derecho a una vida abundante según las palabras del Señor Jesús: “… yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10).

15 Todos los cristianos deben desear el regreso del Señor Jesús lo más pronto posible. La venida será en forma imprevista y eso significa, que todos los cristianos siempre deben estar preparados para recibirlo en las nubes.

16 El objetivo final de una relación permanente con el Señor Jesús por la fe es la vida eterna, la cual Él prometió a todos los que perseveren hasta el fin. “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Apocalipsis 21:8).