El vado de Jaboc

Jacob le pidió a su hermano la primogenitura a cambio de un plato de comida. Después engañó a su papá y tuvo que huir porque su vida corría peligro.

Cuando llegó a casa de su tío Labán, lo engañó durante años. Pero Jacob sabía que todo lo que estaba cosechando fue lo que había sembrado.

Con el tiempo se volvió muy rico. Tenía 11 hijos, dos mujeres, ganado, plata, oro. Pero él notaba que necesitaba cambiar su carácter, porque tenía todo y no tenía nada. “Y se levantó aquella noche, y tomó sus dos mujeres, y sus dos siervas, y sus once hijos, y pasó el vado de Jaboc.”, (Génesis 32:22). El vado de Jaboc fue en donde Jacob agarró al ángel, allí se quedó solo. sepa que Dios se nos aparece cuando estamos solos.

Los tomó, pues, e hizo pasar el arroyo a ellos y a todo lo que tenía. Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices.”, (Génesis 32:23-26).

Usted se preguntará, bendecirlo en qué, si tenía todo. La bendición que quería era cambiar su carácter, él estaba decidido, sabía lo que quería y luchó por ello.

Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.”, (Génesis 32:27-28).

Jacob luchó por la bendición espiritual y fue tan fuerte el cambio, que su hermano que lo quería matar, lo perdonó y se reconcilió con toda su familia. “Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma. Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera.”, (Génesis 32:29-31).

Usted tiene la oportunidad de tener una nueva identidad y Dios lo puede hacer, basta ser humilde y vivir una vida correcta. Él quiere que sea próspero, pero también que tenga paz. Él quiere que seamos nuevas criaturas.

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