Cuidado con el “manólogo”

Hay una creencia común que las mujeres hablan más que los hombres. El problema de la creencia común es que, por lo general, la misma generaliza mucho… En realidad, eso no depende del género, pero, cuando un hombre al que le gusta escuchar su propia voz comienza un discurso… Que haya paciencia.

La periodista australiana Julia Baird escribió en el periódico The New York Times (NYT) que es un mito que el lado femenino sea el más parlanchín – aunque ella reconozca que también hay mujeres que abusan del palabrerío oral – después de todo, el hombre se excede al estar en un palco. La redactora llega hasta bautizar el fenómeno como “manólogo” (de “man” ‘hombre’ + monólogo), que consiste en un hombre que se extiende mucho más de lo necesario en una conversación, movido por su ego exacerbado. Algo medio dictatorial incluso, porque el individuo que es así se aprovecha de eso cuando es líder o jefe (no siempre las dos cosas están juntas en un mismo ser) y la “audiencia” no tienen escapatoria.

Julia hasta cita un estudio de la Universidad norteamericana de Harvard que afirma que el hombre, al verse delante de una gran cantidad de público, tiende a, inconscientemente, querer “dominarlo” con la palabrería. Por eso termina, inconscientemente – y dirigido por su egocentrismo -, recurriendo a una verborragia, aunque las palabras comiencen a no tener tanto sentido y buena parte del público se esté cayendo de sueño. Eso puede suceder en reuniones de trabajo, de familia o en otros grupos sociales.

Además, según Julia a los hombres no les gusta las interrupciones, interrumpen a una mujer en una conversación, debate o conferencia, y eso viene desde la infancia, según estudios de otras instituciones. Ella dice que, mientras los hombres quieren influenciar, convencera los oyentes, cuando una mujer habla, tiene el objetivo de establecer una conexión con quien la oye.

Por supuesto, esa es la opinión de la columnista de NYT, aunque basada en estudios de renombradas instituciones. A pesar de lo que ella piensa, una cosa es cierta: hay hombres que haceneso. Y con educación y elegancia, por lo tanto, si el hombre ya lo hace, que deje de hacerlo y que si (todavía) no lo hace, sea advertido antes de convertirse en un hablador inoportuno y pesado.

Esos hombres que se creen lo más grande de la humanidad tienden a pensar que el público es menos inteligente que ellos y necesitan explicaciones muy pormenorizadas, mientras que las mujeres tienden a ser más concisas. Nuevamente vale la pena destacar: hay excepciones de ambos lados.

Hay hombres que hablan de esa manera con una mujer (incluso la de ellos), como si ella fuera alguien intelectualmente inferior. Incluso piensan que ella no lo nota y no se resiente. Puede apostarlo: sí se resiente.

Julia Baird explica que un individuo recurre al monólogo, entre otras cosas, cuando “profiere palabras no pedidas, puntos de vista no solicitados y argumentos impensados”.

Lo bueno es que muchos detectan (o alguien lo detecta por ellos) a esa triste tendencia en ellos mismos y la combaten a tiempo.

No caiga en esa trampa. Sepa el momento (y qué) hablar; hable para comunicarse – y no solo para exponer su punto de vista, argumentar a su favor -, y, sobre todo, desarrolle su capacidad de oír, lo que demuestra, incluso, respeto por el interlocutor.

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